La incontinencia urinaria es un problema que afecta a muchas mujeres en diferentes edades y que merma la seguridad de cada una. Muchas creen que deben aceptarlo como algo natural, pero no, ya que altera mucho su calidad de vida. 

Los tipos de  incontinencia urinaria, o pérdida involuntaria de orina, que con mayor frecuencia encontramos son:

  1. Incontinencia urinaria de esfuerzo (IUE): pérdida involuntaria de orina debido a que se relaciona con un aumento en la presión de la zona abdominal, provocada por un esfuerzo al realizar ejercicio físico. 
  2. Incontinencia urinaria de urgencia (IUU): se asocia a un deseo urgente de orinar y que no se puede controlar. También se le suele llamar vejiga hiperactiva , ya que el músculo se contrae involuntariamente y de manera irregular.
  3. Incontinencia urinaria mixta (IUM): Se combinan varios tipos de incontinencia urinaria. 

 

 

¿Cuál es la prevalencia y a qué grupo de edad afecta con más frecuencia?

La incontinencia urinaria es un problema que a medida que se van cumpliendo años es más probable que aparezca; muchas personas no lo consultan y lo consideran como algo normal o tabú, por lo que estos motivos hacen las estadísticas poco fiables. 

A la edad de los 40 años aproximadamente un 20 % de las mujeres presentan incontinencia urinaria . Sin embargo, el pico se encuentra a partir de los 50 y 60 años, coincidiendo con la menopausia.  A partir de los 60 años aumentan los casos de incontinencias mixtas y de urgencia, disminuyendo la incontinencia urinaria de estrés.

 

¿Qué soluciones existen para controlar la incontinencia?

El tratamiento se realiza vía vaginal. Mediante una sencilla intervención con anestesia se coloca una pequeña malla por debajo de la uretra que resolverá el problema y te permitirá hacer vida normal en 24 horas

La recuperación es indolora y sencilla. Son intervenciones muy agradecidas incluso en edad avanzada. 

Sin embargo, no podemos olvidar que la cirugía deberá ir complementada de una buena rehabilitación o fisioterapia de suelo pélvico, tanto antes de la operación como después, ya que es necesario reforzar y mantener los resultados obtenidos. 

 

¿Cómo se hace el diagnóstico?

Es esencial realizar una buena historia clínica y un buen examen físico: preguntas acerca de los hábitos rutinarios y de la ingesta de líquidos, examen de pelvis exhaustivo, etc. Gracias a las nuevas tecnologías y los potentes medicamentos existentes, este diagnóstico es un reto para la medicina, pero no imposible.

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